Muy buenos días de nuevo a todos los que alguna vez han depositado algún pequeño trocito de su atención en este, mi blog. Bueno, en primer lugar, quería disculparme por no haber avisado que me iba un tiempo de vacaciones, pero no os preocupéis, si, ya he vuelto de nuevo.
Marioneta sin Maestro
Con las torpes manos temblorosas y aún jóvenes de profesión, hilo a hilo, me da forma. Todavía no sé lo que soy ni lo que puedo llegar a ser. La verdad, me da igual. Tras tener el cuerpo prácticamente acabado, comienzo a sentir unas ligeras punzadas sobre mi rostro y empiezo a ver al que es y será mi maestro, el que guiará de manera egoísta mis movimientos. Estoy entusiasmado, ¡Mi primer ojo! Intento sentirlo y lo siento.
Un botón...
Noto otra serie de punzadas en el otro lado de la cara, pero no cambia nada. Algo andaba mal con ese ojo. Seguramente está mal puesto o cosido de manera errónea.
¡Pum!
El ruido de un golpe seco en el el suelo de madera me lo confirma. He perdido el segundo botón. Bueno, en realidad tampoco me importa. ¿Debería importarme?
De nuevo siento punzadas en en rostro. Esta vez bajo el primer botón que, según veo en el espejo de la habitación, luce con un color verde pistacho sobre mi tez blanca y sucia. Sonrío. ¿Sonrío? Una gran sonrisa macabra se dibuja en mi boca cosida a mano. No lo entiendo. No estoy contento. ¿Por qué sonrío?
Un sombrero...
Mi maestro saca sonriente un pequeño sombrero de tela negra, así como un elegante traje a juego. Sigo sonriendo. ¿Por qué?. No quiero sonreír. El maestro me deposita el sombrero sobre la cabeza y me pone el pequeño frac. Parece satisfecho. Me sienta en un estante y mi cabeza se ladea alicaída. Mientras tanto, él se sienta en un sillón antiguo al otro lado de la habitación.
Sigo sonriendo. No quiero sonreír. Odio sonreír. ¡No quiero sonreír más!
Me levanto sobre mis piernas rellenas de algodón. No quiero vivir siguiendo las órdenes de alguien. Quiero decidir. Quiero poder no sonreír frente a todo.
Y decidí que jamás sonreiría si la sonrisa no era verdadera.
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dijous, 4 de setembre del 2014
Marioneta sin Maestro
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dilluns, 16 de juny del 2014
Microrrelatos
Buenos días de nuevo a todos los personos y personas que vuelven a mi blog. He estado esta semana anterior un poco liado con los exámenes del Selectivo, así que no pude escribir nada y por ello me disculpo (o no).
Bueno, primero decir a todos los que van a pasar a bachiller y en un futuro harán el temido Selectivo que no le tengan tanto miedo, que aunque den un poquito de miedo los exámenes, no es tan difícil. Ahora a esperar las notas! Este viernes ya las sabré.
Hoy voy a publicar tres microrrelatos, con los que me presenté al concurso de mi instituto.La extensión mínima era de 150 palabras y todos debían empezar por "Al abrir el cajón vio que estaba vacío" Espero que os gusten:
Al abrir el cajón vio que estaba vacío. ¿Por qué
estaba vacío...?
Al abrir el cajón vio que estaba vacío… o eso parecía si lo miraba sin cautela, pero si observaba fijamente aún podía distinguir las vetas de la oscura madera e imaginar las ramas que una vez formaron parte de él. Cerró los ojos mientras lo tocaba, olisqueó aquel objeto e incluso pudo escuchar los pajarillos revoloteando en la copa. Pensó que tal vez la vida de un árbol no merecía la pena, que era una pérdida de tiempo, pero… si lo reflexionaba sabía que no era así. Ese cajón había dado cobijo a varias generaciones de aves e insectos, había sobrevivido a un incendio, había visto más atardeceres de los que él vería jamás, ese cajón había producido oxígeno para que respirara e incluso había dado sombra a fugitivos jóvenes enamorados. Se rió. Tal vez un cajón tuviera más importancia de la que le damos usualmente.
Bueno, primero decir a todos los que van a pasar a bachiller y en un futuro harán el temido Selectivo que no le tengan tanto miedo, que aunque den un poquito de miedo los exámenes, no es tan difícil. Ahora a esperar las notas! Este viernes ya las sabré.
Hoy voy a publicar tres microrrelatos, con los que me presenté al concurso de mi instituto.La extensión mínima era de 150 palabras y todos debían empezar por "Al abrir el cajón vio que estaba vacío" Espero que os gusten:
Obcecado
Una tenue aunque familiar luz entraba deslizándose lentamente
por el gran ventanal. Eso no importaba, debía llenar rápidamente el cajón o no
tendría tiempo para hacerlo después...
Siguió intentando llenar el cajón y,
mientras tanto, la estancia, ausente ya de la poca luminosidad de la tarde,
quedó inundada de una dulce y agradable fragancia de flores de jazmín
proveniente del exterior. No le disgustó el olor, pero no le interesaban esas
cosas, necesitaba más que nunca llenar ese cajón.
Nunca llenó por completo
aquel oscuro y frío cajón, así como nunca llenó su vida.
Al abrir el cajón vio que estaba vacío… o eso parecía si lo miraba sin cautela, pero si observaba fijamente aún podía distinguir las vetas de la oscura madera e imaginar las ramas que una vez formaron parte de él. Cerró los ojos mientras lo tocaba, olisqueó aquel objeto e incluso pudo escuchar los pajarillos revoloteando en la copa. Pensó que tal vez la vida de un árbol no merecía la pena, que era una pérdida de tiempo, pero… si lo reflexionaba sabía que no era así. Ese cajón había dado cobijo a varias generaciones de aves e insectos, había sobrevivido a un incendio, había visto más atardeceres de los que él vería jamás, ese cajón había producido oxígeno para que respirara e incluso había dado sombra a fugitivos jóvenes enamorados. Se rió. Tal vez un cajón tuviera más importancia de la que le damos usualmente.
Al abrir el cajón vio que estaba vacío. Tal vez no había estado
lleno nunca, o tal vez si… Ahora mismo no lo recordaba. Quizás antes hubiera
guardado en aquel viejo cajón deteriorado algún pantalón manchado
accidentalmente en una fiesta de Nochevieja o la corbata de su boda, doblada
cuidadosamente, pero eso era el problema, que no sabía con precisión si se
había casado o si tenía familia con la que celebrar Nochevieja. Estaba confuso,
se sentía encerrado entre aquellas paredes blancas. Pensándolo bien, no sabía
dónde estaba, se parecía mucho a un… ¿Cómo se decía...? Bueno, eso ahora no
importaba, quería ver a alguien conocido, alguien que pudiera recuperar alguna
prenda de aquel cajón. Entonces, sin llamar, ella entró por la puerta. No la
reconocía, pero evocó una bufanda blanca de lana... Fue entonces cuando recordó
quién era y, aún advirtiendo que el próximo día no iba a recordar su rostro, le
susurró al oído: Te quiero.
Bueno, y ya está. Espero que os hayan gustado.
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